En un estudio publicado en la revista Nature, un equipo de la Universidad de Pittsburgh descubrió que comer crea un estado metabólico temporal que influye en el funcionamiento de las células T, células inmunitarias que ayudan al organismo a detectar y combatir infecciones y enfermedades, incluido el cáncer. En experimentos realizados en ratones y en humanos, las células T recolectadas después de una comida mostraron ventajas metabólicas y funcionales frente a aquellas recolectadas tras un ayuno. Los hallazgos sugieren que comer puede tener un efecto duradero en la forma en que las células inmunitarias responden cuando se activan, un factor que podría ser relevante para las inmunoterapias basadas en células T, como la terapia con células CAR‑T, así como para la respuesta frente a infecciones.
Esa durabilidad es importante porque la mayoría de las células T no se activan inmediatamente después de comer. Sin embargo, si una célula T se encuentra con un patógeno mientras este estado metabólico posterior a la comida aún persiste, responde con mayor fuerza, lo que conecta un estado nutricional a corto plazo con una respuesta inmunitaria que ocurre más adelante*.
Experimentos posteriores en ratones confirmaron que comer crea una oportunidad temporal para que las células T capten nutrientes. Algunas de estas células conservaron una ventaja funcional y respondieron mejor si se activaban más adelante, incluso hasta siete días después. El efecto fue impulsado por las grasas que circulan en el torrente sanguíneo tras una comida. Estas grasas, transportadas en partículas llamadas quilomicrones, fueron suficientes para mejorar la función de las células T, lo que demuestra que las células inmunitarias pueden acceder directamente a los lípidos de la dieta y utilizarlos.
«Reconstruir la biología detrás de este efecto requirió un amplio esfuerzo colaborativo en Pitt», afirmó Delgoffe, quien también dirige el Centro del Microambiente Tumoral del UPMC Hillman Cancer Center. «Se reunió experiencia en nutrición, metabolismo e inmunología para entender qué estaba ocurriendo realmente dentro de estas células».
Cómo la alimentación podría influir en las células T en la terapia contra el cáncer #
Para evaluar si el estado metabólico de las células T en el momento de su recolección podía influir en este proceso, los investigadores generaron células CAR‑T a partir de células T humanas recolectadas después de ayunar o después de comer y las probaron en modelos tumorales en ratones. En estos experimentos preclínicos, las células CAR‑T generadas a partir de células T recolectadas tras una comida persistieron durante más tiempo y mostraron un mejor control del tumor en comparación con aquellas derivadas de células T recolectadas tras ayuno.
Entonces, si bien los hallazgos aportan nuevos conocimientos biológicos, el estudio no sugiere que comer ayude en el tratamiento del cáncer ni que los pacientes deban modificar su dieta. En cambio, pone de relieve el momento en que se producen estos procesos como una variable crítica y previamente poco considerada. Al demostrar que el rendimiento de las células inmunitarias puede variar según su estado metabólico, el trabajo apunta a nuevas formas de pensar cuándo se recolectan, activan o analizan las células del sistema inmunitario.
Cita #
- El estudio Postprandial lipid metabolism durably enhances T cell immunity (El metabolismo lipídico postprandial mejora de forma duradera la inmunidad de las células T) fue publicado en la revista Nature. Autores: Alok Kumar, Dayana B. Rivadeneira, Isha Mehta, Bingxian Xie, Rachel Cumberland, Supriya K. Joshi, Jitendra S. Kanshana, William G. Gunn, Victoria Dean, Angelina Parise, Kristin Morder, Erica S. Myers, Steven J. Mullett, Richard T. Cattley, Stacy L. Gelhaus, Abigail E. Overacre-Delgoffe, Jishnu Das, William F. Hawse, Alison B. Kohan & Greg M. Delgoffe
Kumar, A., Rivadeneira, D.B., Mehta, I. et al. Postprandial lipid metabolism durably enhances T cell immunity. Nature (2026). https://doi.org/10.1038/s41586-026-10432-8
Received 07 March 2025
Accepted 19 March 2026
Published 29 April 2026
Version of record 29 April 2026
DOI https://doi.org/10.1038/s41586-026-10432-8
Financiación #
Este estudio contó con el apoyo de los Institutos Nacionales de Salud (DP2AI136598, R01AI171483, R01AI166598, R01CA277473, DP2AI177967, R01AI175111, NIHS10OD032141 y NIHS10OD023402), el premio Lloyd J. Old STAR del Cancer Research Institute (CRI3447), el Emerging Leader Award de la Mark Foundation for Cancer Research (19‑040‑ELA), el Sy Holzer Endowed Immunotherapy Fund, The Pittsburgh Foundation (MR2023‑134140), los programas SPORE de Cáncer de Piel y de Cáncer de Cabeza y Cuello del UPMC Hillman Cancer Center (P50CA121973 y P50CA097190; NIH) y el Hillman Fellows for Innovative Cancer Research Program.
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