Pasamos cerca del 90 % de nuestro tiempo en espacios cerrados, donde los contaminantes no se dispersan fácilmente y pueden alcanzar concentraciones superiores a las del exterior, incluso cuando el aire “parece” limpio.
Qué ocurre realmente cuando encendemos una vela #
Cuando encendemos una vela, la mecha no es el combustible. Su función es transportar la cera fundida hasta la llama. Lo que realmente se quema es la cera, que en la mayoría de las velas comerciales es parafina, un derivado del petróleo –aunque también puede ser cera vegetal o de abeja–.
En interiores poco ventilados, las concentraciones de estas partículas y gases pueden aumentar rápidamente, hasta alcanzar valores comparables a los de entornos urbanos con mala calidad del aire, especialmente cuando la combustión es inestable o la mecha es demasiado larga.
El incienso, una fuente de emisiones #
El incienso suele percibirse como una alternativa “natural” a las velas perfumadas. Sin embargo, la evidencia científica indica que su impacto sobre la calidad del aire interior es, en general, mayor y más preocupante.
Un resultado especialmente relevante es que aproximadamente un 4,5 % de la masa del incienso se convierte en partículas que podemos respirar. Esto es aproximadamente cuatro veces más que un cigarrillo. Así, el incienso es una de las principales fuentes de contaminación del aire interior en hogares de no fumadores.
No todas las partículas son iguales: el potencial oxidativo #
Durante años, el riesgo para la salud se evaluó principalmente en función de la masa de partículas presentes en el aire. Hoy sabemos que esto es insuficiente. Un parámetro clave es el potencial oxidativo, que describe la capacidad de las partículas para dañar nuestros tejidos pulmonares.
Las velas también emiten partículas con actividad oxidativa, [especialmente cuando son de parafina], están perfumadas o arden de forma inestable. No obstante, su potencial oxidativo medio suele ser inferior al del incienso, que genera aerosoles más reactivos y con mayor capacidad de inducir estrés oxidativo respiratorio.
El papel de las fragancias: el aroma complica la química #
El tipo de cera influye en las emisiones, pero no es el único factor. Las fragancias, tanto naturales como sintéticas, introducen nuevos compuestos en el cóctel de la mezcla emitida.
Durante la combustión, muchos perfumes liberan VOCs reactivos que pueden transformarse en otros contaminantes, como aldehídos –compuestos orgánicos volátiles irritantes formados por oxidación– y aerosoles orgánicos secundarios –partículas microscópicas que se generan en el aire a partir de reacciones químicas–, lo que incrementa tanto la cantidad como la reactividad de los contaminantes presentes en el aire interior.
Evidencias sobre efectos en la salud #
La exposición continuada a los contaminantes emitidos por velas e incienso se ha asociado con irritación de las vías respiratorias, empeoramiento del asma y disminución de la función pulmonar, especialmente, en niños y personas con patologías respiratorias previas.
¿Qué es peor para la salud: una vela o el incienso? #
Si se comparan ambos en condiciones similares de uso, la evidencia converge: el incienso emite mucha más cantidad de partículas con mayor potencial oxidativo, libera una mezcla gaseosa más compleja y reactiva y cuenta con mayor respaldo epidemiológico de efectos adversos.
Esto no significa que las velas sean inocuas, sino que, en términos generales, el incienso representa la fuente más agresiva de contaminación del aire interior entre las dos.
Respirar mejor empieza con gestos pequeños #
En casa, solemos juzgar el aire por el olor o por lo que vemos. Si no huele mal y no hay humo a la vista, damos por hecho que es limpio. Sin embargo, la contaminación más relevante en interiores es invisible y se acumula poco a poco, sin avisar.
La química nos recuerda algo esencial: el bienestar no se quema ni se huele, se respira.
Por eso, reducir la exposición no pasa por prohibiciones radicales, sino por gestos informados y sostenibles. Usar velas y ambientadores de combustión de forma ocasional, limitar su duración, mantener las mechas cortas y la llama estable, ventilar bien durante y después de su uso, priorizar velas sin perfume y evitar el uso habitual de incienso en interiores son decisiones sencillas que marcan la diferencia.
Pequeños cambios cotidianos pueden reducir de forma significativa la cantidad de contaminantes que inhalamos. Porque cuidar el aire interior no consiste en renunciar al confort, sino en entender qué estamos respirando y cuándo merece la pena hacerlo.
Author #
Catedrática de Universidad. Dpto. Química-Física. Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de Ciudad Real. Inamol., Universidad de Castilla-La Mancha
Disclosure statement #
Esta publicación es parte del proyecto de I+D+i PID2022-139724OB-I00 financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y FEDER, del proyecto SBPLY/23/180225/000194 financiado por la Agencia de Investigación e Innovación de Castilla-la-Mancha, cofinanciado por la Unión Europea y del proyecto 2025-GRIN-38334, financiado por el plan propio de investigación de la UCLM y cofinanciado con fondos FEDER.
Partners #
Universidad de Castilla-La Mancha provides funding as a member of The Conversation ES.
DOI #
https://doi.org/10.64628/AAO.gkwx4dtqn
Importante #
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Este artículo es republicado de la fuente original The Conversation bajo la normativa Creative Commons
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El artículo, republicado aquí, fue publicado en The Conversation el 14 de abril de 2026.
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