El equipo transfiere el texto generado por la IA a la plantilla corporativa, perfecciona la estructura y el flujo narrativo, y realiza una última revisión antes de enviarlo a la siguiente instancia. La dirección revisa el borrador finalizado y, suponiendo que la investigación subyacente ya se haya verificado, lo aprueba y lo publica.
Algo similar ocurrió el año pasado, cuando la **consultora Deloitte** reembolsó parcialmente al gobierno australiano tras admitir que se había utilizado inteligencia artificial generativa para elaborar un documento encargado que contenía citas falsas y referencias a fuentes inexistentes. El informe costó a los contribuyentes australianos 440.000 dólares australianos.
En su artículo, Jongkil Jay Jeong adviertió que “el costo de dejar que la IA haga nuestro trabajo y piense por nosotros también tiene un impacto para nuestro cerebro”.
El valor del pensamiento #
Jeong apuntó que “como se observa en los ejemplos anteriores, las tareas generadas por la IA suelen parecer impecables a simple vista, pero presentan importantes fallos subyacentes. Esto se debe a cómo el entorno laboral moderno nos ha condicionado a priorizar el resultado final —el informe, la presentación, la tarea— por encima del proceso en sí”.
“Sin embargo, este enfoque centrado exclusivamente en los resultados rara vez valora el proceso mediante el cual se obtienen. Al omitir el proceso, perdemos la capacidad de comprender plenamente el verdadero significado del resultado”.
“Esto -añadió- inevitablemente nos dificultará evaluar críticamente los resultados que consumimos. Y lo que es más importante, también afectará nuestra capacidad para distinguir los hechos de las verdades a medias y las mentiras”.
“En definitiva, el verdadero valor del trabajo intelectual no reside solo en el resultado final, sino en la claridad de pensamiento y el proceso iterativo y complejo necesario para lograrlo”, indicó el investigador.
Confiar ciegamente en la IA #
Y planteó que “las evidencias empíricas recientes también ponen de manifiesto una grave desconexión entre los beneficios percibidos del uso de la IA y la mejora de la calidad que esta aporta”.
“El estudio especificó que el principal factor que impulsa la adopción de la IA es el miedo a quedarse fuera (48%), lo que lleva a los usuarios a priorizar la velocidad de entrega sobre la calidad del resultado final”, señaló el catedrático.
“Sin embargo, el 61% de los encuestados afirmó no haber recibido ninguna formación en IA, mientras que el 60% también informó de un uso inapropiado, negligente y poco transparente de la IA en su lugar de trabajo”.
“Un estudio independiente realizado en julio de 2026 por el Centre of AI Safety, una organización de investigación sin ánimo de lucro con sede en San Francisco, reveló que incluso los agentes de IA de mayor rendimiento no lograron completar aproximadamente el 85 % de los proyectos con un nivel de calidad aceptable para los trabajos por encargo”.
“Esto indica que incluso los mejores modelos de IA actuales aún no alcanzan la calidad profesional en la mayoría de los proyectos. También demuestra que dependemos de la IA para generar entregables finales sin comprender cómo se logra”.
“Esta confianza ciega -mencionó- elimina el control de calidad, sustituyendo la creación de conocimiento genuino por un volumen cada vez mayor de “trabajo improductivo” automatizado.
Mejorar las habilidades cognitivas #
¿Cómo podemos revertir esta tendencia? #
Jeong consideró relevante que “la solución no consiste simplemente en prohibir o limitar la IA en el lugar de trabajo. En cambio, necesitamos redefinir nuestra relación laboral con la IA y los resultados que produce, adoptando un enfoque más centrado en el ser humano”.
Y añadió que “las sesiones tradicionales con tabla rasa, en las que los equipos plasman físicamente sus conceptos iniciales mediante rotuladores y bolígrafos, son una forma de facilitar este proceso”
“En segundo lugar, debemos cultivar una cultura que sea constructiva y crítica con todos los resultados, ya sean generados por humanos o por IA”.
“Quizás la creación de un grupo crítico pueda generar un entorno seguro y cómodo donde las opiniones y los comentarios fluyan libremente”, propuso.
Jongkil Jay Jeong concluyó que “la tecnología puede ser útil en ciertos procesos, pero es peligroso suponer que puede reemplazar nuestra capacidad de pensamiento crítico. Esto se debe a que nuestro activo más valioso no es la página final pulida, sino el proceso cognitivo, con sus altibajos, necesario para escribirla y evaluarla con honestidad”.
Cita #
- El artículo Offloading work tasks to AI comes with a cost – to our brains fue publicado, en inglés, el 19 de agosto de 2026 en The Conversation. Lleva la firma de Jongkil Jay Jeong, Senior fellow, The University of Melbourne; RMIT University; Deakin University
Declaración informativa #
El artículo va acompañado de una declaración de Jongkil Jay Jeong, en la que el autor reveló que ha recibido previamente financiación del Cyber Security Cooperative Research Centre (Centro Cooperativo de Investigación en Ciberseguridad) y del Department of Foreign Affairs and Trade, Australia (el Departamento de Asuntos Exteriores y Comercio de Australia).
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